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"the book is force, is value, is force is food; it makes a torch of the thought and spring of the love " Rubén Darío
Sin proponérselo, le vino a la memoria un día en el que todos los chicos de clase acorralaron en un rincón del patio a una niña llamada Azucena. Daniel la recordaba muy tímida, pero también como la chica más alta de toda la clase, la que se había desarrollado antes. La de las tetas más grandes. Ya le habían metido mano muchas veces antes, con mayor o menor éxito: En gimnasia, cuando faltaba el profesor y el delegado se quedaba al cargo, en el recreo, por los pasillos... Pero aquella vez fue brutal.
Paco se quedó mirando fijamente el suelo. Un consultor puede pasar por muchos clientes a lo largo de su vida profesional. De hecho, las líneas de código y los programas que Paco, Julio o Claudina habían desarrollado se ejecutaban en los puntos más insospechados del planeta. Desde América a Australia, pasando por China. Era algo lógico, teniendo en cuenta que sus clientes eran empresas multinacionales. Paco pensó rápidamente en algunas de las facetas en las que estaba involucrada la informática: centrales nucleares, aeropuertos, aviones, sistemas bancarios, telecomunicaciones, sistemas de defensa, trenes, metro, señalización ferroviaria, fabricación de automóviles, datos gubernamentales,... Todo en manos de personal no cualificado. Servicios cada vez más caros con personal cada vez menos preparado y formado. Preferiría seguir viviendo en la ignorancia, como el resto de la gente, y seguir confiando a ciegas en los sistemas de información que, sin saberlo, gestionan nuestras vidas.
—No te creas que los médicos sabemos siempre lo que hacemos. Hay muchas cosas que se nos escapan. Además, existen muchas enfermedades que no podemos diagnosticar simplemente mirando. No somos magos, ni tampoco curanderos charlatanes. Tendríamos que hacer análisis para estar seguros, y los análisis son caros. Así que, a no ser que la patología sea seria, no se hacen. De esa forma, muchas veces trabajamos por ensayo y error: recetamos una cosa y vemos si funciona. Si no funciona, pues probamos con otra, y así hasta que acertamos. Ensayo y error, puro y duro.
—Pero también tuya y mía —le corrigió Paco—, cuando no ayudamos a una persona que tiene necesidad, cuando suspendemos a alguien un examen por tres décimas, cuando no cedemos el asiento a una persona mayor, cuando no le dirigimos la palabra a quien se nos acerca para hablarnos en un pub, cuando nos colamos en la fila del autobús, cuando engañamos, cuando mentimos por cuatro duros —los otros tres le miraban extrañados sin comprender—, cuando dejamos que nuestros gobiernos negocien con armas o con la guerra... Todo ese tipo de cosas, pequeñas y grandes injusticias que, directa o indirectamente provocamos, las pagamos con un número enorme, cada vez mayor, de depresiones y suicidios, que va acompañado de un pequeño porcentaje de locos y terroristas.
Al pasar por la Carrera de San Jerónimo hacia la plaza Canalejas, como la acera era bastante estrecha y estaba muy concurrida, tuvieron que andar esquivando a los vagabundos que dormían sobre cartones, en el suelo. Laura no pudo evitar fijarse en ellos, y al mismo tiempo, en la gente que iba de marcha, y que pasaba a su alrededor indiferente, insensible, sin prestarles atención. Cada vez se contaban más inmigrantes entre los vagabundos, pero también eran muchos los españoles. Casi todos hombres, aunque a veces, Laura también había visto alguna mujer. Sospechaba que, si había muchas menos mujeres, era porque recurrían a la prostitución para ganarse la vida.